Author: Lee Sabag

NITZAVIM-VAYELECH

STUCK

 Do we ever get stuck in the present?

The Sheva Brachos celebration following the marriage of a particular student of Beis Medrash Govoha in Lakewood, was graced with the presence of some of the Roshei Hayeshivah, the deans of the institution. Typically, words of Torah are shared at such events. The chassan, groom, became uncomfortable when he saw that his grandfather wanted to address the assembled, but certainly could not stop him.

The grandfather related the following story. In a city in Europe, there was a wild child, who did not stop his antics at home or in his cheder (literally means room, but refers to place of Torah study for children). Once, his prank went past the limit. At nighttime, he went into the Shul and hid a goat in the Aron Kodesh. You can imagine the shock of the congregants who were there the next morning when the Aron Kodesh was opened to take out a Sefer Torah, and the goat sprang out. Bedlam ensued. With investigation, they were able to track down the culprit.

The principal of the school that this child had attended contacted the boy’s parents. This behavior was intolerable and the child was going to be expelled. The child understood the seriousness of the matter and went to the Rav of the city in order to bring the principal to a Din Torah, to face judgment of the court. The Rav had the principal appear before him, at which point the Rav asked the child, “What claim do you have against the principal?”

The child said, “I know I did something terrible and deserve to be punished. However, this is the only school of Torah in the city. Where will I go? If I don’t learn Torah, what will be with my children, my grandchildren? I know that I should be punished, but what is it the fault of the future generations? Why should they be punished for my misdeed?”

The Rav heard his position and saw to it that the child was able to return to cheder. “That child,” said the grandfather, “was me. Although I started out in the cheder, as I got older, I came to America, and was not able to advance my Torah education. However, I did get a foundation in Europe. Now my grandson is studying in Yeshiva. That is all a tribute to the foresight of the Rav. Had I been disallowed to learn, I wouldn’t be here, nor would my grandson.”[1]

The Torah instructs that every seven years the King of Israel would recite the words of Torah in front of the men, women and small children. There is discussion in Talmud analyzing the point of bringing children who will not understand the words of Torah recited by the king.[2] Afterwards the text refers to children who hear and study. Who are these children? They are the same children who earlier did not understand. Hearing the words as children, even if they do not comprehend, can be a stepping stone for them to learn, and want to learn years later.[3]

Of course conditions of the present must be addressed and handled responsibly. However, things can change, not just for children, but even for adults. Even those who appear to be misfits have a potential for greatness that can be attained with them and their progeny.

Do we limit ourselves by focusing on the present or can we be open to the fact that the future can bring change and opportunity? If you were the Rav, what would you have done?

Shabbat Shalom,

Rabbi Hershel D. Becker

 

 


[1] Lehisaneg pp. 676-677

[2] Rashi Vayelech 31:12

[3] Seforno Vayelech 31:13

NITZAVIM-VAYELEJ

 

ATORADO

¿Nos quedamos atrapados alguna vez en el presente?

La celebración de Sheva Brajot que siguió al matrimonio de un estudiante en particular del Beit Medrash Govoha en Lakewood, contó con la presencia de algunos de los Roshei Hayeshivah, los decanos de la institución. Por lo general, las palabras de la Torá se comparten en tales eventos. El Jatan, el novio, se sintió incómodo cuando vio que su abuelo quería dirigirse a los reunidos, pero ciertamente no podía detenerlo.

El abuelo relató la siguiente historia. En una ciudad de Europa, había un niño salvaje, que no paró sus payasadas en casa ni en su jeder (literalmente significa habitación, pero se refiere al lugar de estudio de Torá para niños). Una vez, su broma superó el límite. Por la noche, entró en el Shul y escondió una cabra en el Aron Kodesh. Pueden imaginarse la conmoción de los feligreses que estaban allí a la mañana siguiente cuando se abrió el Aron Kodesh para sacar un Sefer Torá y la cabra saltó. Se produjo un caos. Con la investigación, pudieron localizar al culpable.

El director de la escuela a la que había asistido este niño se comunicó con los padres del niño. Este comportamiento era intolerable y el niño iba a ser expulsado. El niño entendió la seriedad del asunto y fue al Rav de la ciudad para llevar al director a un Din Torá, para enfrentar el juicio de la corte. El Rav hizo comparecer al director ante él, momento en el que el Rav le preguntó al niño: “¿Qué reclamo tienes contra el director?”

El niño dijo: “Sé que hice algo terrible y merezco ser castigado. Sin embargo, esta es la única escuela de Torá en la ciudad. ¿A dónde iré? Si no aprendo Torá, ¿qué pasará con mis hijos, mis nietos? Sé que debería ser castigado, pero ¿cuál es la culpa de las generaciones futuras? ¿Por qué deberían ser castigados por mi fechoría? ”

El Rav escuchó su posición y se aseguró de que el niño pudiera regresar al jeder. “Ese niño”, dijo el abuelo, “era yo. Aunque comencé en el jeder, a medida que crecía, vine a Estados Unidos y no pude avanzar en mi educación de Torá. Sin embargo, conseguí una fundación en Europa. Ahora mi nieto está estudiando en la Yeshiva. Todo eso es un tributo a la previsión del Rav. Si no me hubieran permitido aprender, no estaría aquí, ni tampoco mi nieto”. [1]

La Torá instruye que cada siete años el Rey de Israel recitaría las palabras de la Torá frente a los hombres, mujeres y niños pequeños. Hay una discusión en el Talmud que analiza el punto de traer niños que no entenderán las palabras de la Torá recitadas por el rey. [2] Posteriormente el texto se refiere a los niños que escuchan y estudian. ¿Quiénes son estos niños? Son los mismos niños que antes no entendían. Escuchar las palabras de niños, incluso si no comprenden, puede ser un trampolín para que aprendan y quieran aprender años después. [3]

Por supuesto, las condiciones del presente deben abordarse y manejarse de manera responsable. Sin embargo, las cosas pueden cambiar, no solo para los niños, sino incluso para los adultos. Incluso aquellos que parecen inadaptados tienen un potencial de grandeza que se puede alcanzar con ellos y su progenie.

¿Nos limitamos enfocándonos en el presente o podemos estar abiertos al hecho de que el futuro puede traer cambios y oportunidades? Si fueras el Rav, ¿qué habrías hecho?

Shabat Shalom,

Rabbi Hershel D. Becker

Traducido por: Sara Slomianski y Miriam Levy

[1] Lehitaneg págs. 676-677

[2] Rashi Vayelej 31:12

[3] Seforno Vayelej 31:13