Author: Lee Sabag

KI SISA

MOVING UP

How can you influence someone to do something he refuses to do?

The battlefront where the Russians and Germans fought during the outbreak of WWI was near Vidzy in Lithuania, dwelling place of Rav Yosef Shlomo Kahaneman zt’l. The area was under German domain and Rav Kahaneman was concerned lest the Russians advance into the territory. He therefore established a relationship with the German officer assigned to lead operations in that region. Rav Kahanamen felt it was imperative that he fortify the connection and he made it a priority to dedicate time to play chess with the officer.

One day the officer requested that Rav Kahaneman find someone who could cut down trees of the local forests, and arrange to have the wood shipped to Germany. Rav Kahanamen found someone suitable. At the time that the deal was sealed, the officer told this individual, “This arrangement will make you a wealthy man. However, you must always keep in mind that there are three partners in this venture, you, me and the Rabbi.”

Meanwhile, the Germans set up a camp for Russian prisoners of war near Vidzy. Thousands of prisoners were taken and the living conditions were unbearable. Among them were approximately 800 Jewish prisoners. Rav Kahanamen asked to meet with the officer in charge of the prisoners. He presented the fact that the horrific conditions of the prisoners could lead them to die of starvation. The officer responded, “We are in the midst of a war! We have no place for these prisoners. We want them to die!”

Rav Kahanamen readied himself for action. He approached the person whom he had gotten hired to cut the trees, and asked for his share in the profits. He took that money and used it to bribe those who had held the Jewish prisoners captive. Upon their release he placed them in Jewish homes. By the time the last prisoners were released and placed, there was a cry Heavenward from the Jews of Vidzy. If the Germans would find out that they were housing and protecting the enemy, they would be put to death. He needed to find housing!

Rav Kahanamen went to a nearby city and asked to address the community that Shabbos. He appealed to them to have mercy and house the Russian Jews. The response was negative. “Our lives come first,”[1] they claimed. The Rav asked for another opportunity to address them that afternoon. His delivery was so on target and persuasive that not only did the people change their minds, they begged for forgiveness for their previous response.

After he arranged with them the saving of hundreds of Jews, he asked to speak with them again. This time it was to convey appreciation. He explained that after Moshe had expressed his concerns that Bnei Yisrael would not believe he was sent to be their deliverer, Hashem instructed him to throw his staff to the ground and it turned into a snake. Hashem then told him to hold onto it and the snake turned into a staff.[2] What happened? What message is there that had to be recorded for all generations?

Hashem wanted to impart an important lesson to Moshe. If you take Klal Yisrael and throw it to the ground, it could turn into a snake. However, if you lift Klal Yisrael with your hand and bring it closer you will have a staff in your hand, willing and ready to come to your aid and stand with you.[3]

After the sin of the Golden Calf, realizing the enormity of their sin, Klal Yisrael felt lowly, something that typically occurs when people fail. Hashem instructed that they should be counted, but rather than saying count them, Hashem said, “Sisa,” lift them. Don’t let them feel like all is lost. It is not sufficient to just counter their feelings of despair. Help them aim high.[4] As Rav Kahaneman observed, with encouragement and a helping hand, it is possible for someone to be transformed and rise from lowliness to great heights.

Do we give up when we are told no? Do we look towards others with high expectations?

Shabbat Shalom,

Rabbi Hershel D. Becker


[1] Bava Metzia 62a; Vayikra 25:36

[2] Shemos 4:1-4

[3] Likras Shabbos Malchesa Shemos pp/ 612-613

4] Ohr Hachaim Ki Sisa 30:12

KI  TISA

 

SUBIENDO

¿Cómo se puede influir en alguien para que haga algo que no quiere hacer?

El frente de batalla donde los rusos y los alemanes lucharon durante el estallido de la Primera Guerra Mundial estaba cerca de Vidzy en Lituania, lugar de residencia de Rav Yosef Shlomo Kahaneman zt’l. El área estaba bajo el dominio alemán y Rav Kahaneman estaba preocupado por la posibilidad de que los rusos avanzaran hacia el territorio. Por lo tanto, estableció una relación con el oficial alemán asignado para dirigir las operaciones en esa región. Rav Kahanamen sintió que era imperativo fortalecer la conexión y le dio prioridad a dedicar tiempo a jugar al ajedrez con el oficial.

Un día, el oficial pidió que Rav Kahaneman encontrara a alguien que pudiera talar árboles de los bosques locales y organizara el envío de la madera a Alemania. Rav Kahanamen encontró a alguien adecuado. En el momento en que se selló el trato, el oficial le dijo a esta persona: “Este arreglo lo convertirá en un hombre rico. Sin embargo, siempre debes tener en cuenta que hay tres socios en esta empresa, tú, yo y el rabino “.

Mientras tanto, los alemanes establecieron un campo para prisioneros de guerra rusos cerca de Vidzy. Tomaron muchos prisioneros y las condiciones de vida eran insoportables. Entre ellos se encontraban aproximadamente 800 prisioneros judíos. Rav Kahanamen pidió reunirse con el oficial a cargo de los prisioneros. Presentó el hecho de que las horribles condiciones de los prisioneros podían llevarlos a morir de hambre. El oficial respondió: “¡Estamos en medio de una guerra! No tenemos lugar para estos prisioneros. ¡Queremos que mueran! ”

Rav Kahanamen se preparó para la acción. Se acercó a la persona que había contratado para cortar los árboles y le pidió su parte de las ganancias. Tomó ese dinero y lo usó para sobornar a los que habían mantenido cautivos a los prisioneros judíos. Tras su liberación, los colocó en hogares judíos. Cuando los últimos prisioneros fueron liberados y colocados, los judíos de Vidzy clamaron al cielo. Si los alemanes se enteraban de que estaban albergando y protegiendo al enemigo, serían ejecutados. Necesitaba encontrar alojamiento para los judíos rusos, ¡rápido!

Rav Kahanamen fue a una ciudad cercana y pidió dirigirse a la comunidad ese Shabat. Les exhortó a tener piedad y albergar a los judíos rusos. La respuesta fue negativa. “Nuestras vidas son lo primero”, [1] afirmaron. El Rav pidió otra oportunidad para dirigirse a ellos esa tarde. Su entrega fue tan acertada y persuasiva que no solo la gente cambió de opinión, sino que suplicaron su perdón por su respuesta anterior.

Después de arreglar con ellos la salvación de cientos de judíos, pidió volver a hablar con ellos. Esta vez fue para transmitir agradecimiento. Explicó que después de que Moshe expresó su preocupación de que Bnei Yisrael no creyera que fue enviado para ser su libertador, Hashem le ordenó que arrojara su bastón al suelo y se convirtió en una serpiente. Entonces Hashem le dijo que se aferrara a él y la serpiente se convirtió en un bastón. [2] ¿Qué sucedió? ¿Qué mensaje habia de ser grabado para todas las generaciones?

 

Hashem quería impartir una lección importante a Moshe. Si tomas a Klal Yisrael y lo arrojas al suelo, podría convertirse en una serpiente. Sin embargo, si levantas a Klal Israel con tu mano y lo acercas, tendrás un bastón en tu mano, dispuesto y listo para acudir a tu ayuda y estar contigo. [3]

Después del pecado del becerro de oro, al darse cuenta de la enormidad de su pecado, Klal Yisrael se sintió muy bajo, algo que suele ocurrir cuando las personas fracasan. Hashem instruyó que deberían ser contados, pero en lugar de decir que los cuenten, Hashem dijo: “Tisa”, levántelos. No dejes que sientan que todo está perdido. No es suficiente simplemente contrarrestar sus sentimientos de desesperación. Hay que ayudarlos  a apuntar  a lo alto. [4] Como observó Rav Kahaneman, con aliento y una mano amiga, es posible que alguien se transforme y se eleve de lo mas bajo a las grandes alturas.

¿Nos damos por vencidos cuando nos dicen que no? ¿Miramos a otros con expectativas bajas o altas?

 

Shabat Shalom,

Rabino Hershel D. Becker

Traducido por Sara Slomianski y Miriam Levy

[1] Bava Metzia 62a; Vayikra 25:36

[2] Shemot 4: 1-4

[3] Likrat Shabat Maljesa Shemos pp / 612-613

[4] Ohr Hajaim Ki Tisa 30:12